Enoc Díaz, “Los Diablos” y el terror “sembrado” en Chiapas

Christian González

Tuxtla Gutiérrez (La Silla Rota). La última vez que se le vio fue cuando levantaba su puño derecho y entonaba un cántico: estaba tras las rejas a punto de que un juez le dictara auto de formal prisión, detenido por varios delitos, entre ellos delincuencia organizada e intento de secuestro de unos empresarios del municipio de Jitotol. Es Enoc Díaz Pérez, expresidente de Pueblo Nuevo Solistahuacán y, en ese entonces, líder del grupo delictivo Los Diablos.

Luego de mantenerse en el anonimato por al menos un lustro, apenas el año pasado el maestro de profesión reapareció en la escena pública y esta vez el solaztequista tenía también el puño erguido hacia el cielo, pero ahora sostenido por Pío López Obrador, hermano del actual mandatario Andrés Manuel López Obrador.

Incluso, se ha mostrado activo en la vida política chiapaneca, por medio de lo que él denominó “Proyecto Revolucionario número 7”, tanto que aparece en imágenes con senadores como Juan Manuel Fócil Pérez o al lado del actual gobernador de Chiapas, Rutilio Escandón Cadenas o con los legisladores locales.

NEGRO HISTORIAL. Sin embargo, a Enoc Díaz lo persigue su oscuro pasado, y eso lo sabe la familia de Eduardo Montejo Díaz, quien perdió a su padre Armando Montejo López, de 52 años, y a su hermano Celestino, de 30, a manos de la banda Los Diablos, cuyos integrantes les dispararon a sangre fría una mañana del 19 de diciembre de 2014.

Pero él, en ese entonces adolescente, no solo vio cómo sus seres queridos cayeron abatidos por la delincuencia generada por dicho político, sino que además tuvo que huir, junto a su familia (alrededor de 20 integrantes), a otra localidad de Chiapa de Corzo para no correr con la misma suerte. En ese éxodo, dejaron todo en la comunidad Aurora Ermita, de Pueblo Nuevo Solistahuacán: casa, vehículos, potreros, cafetales, ganado, otras pertenencias y, lo más preciado: una vida.

Como su progenitor era comisariado de esa región, al parecer éste tuvo diferencias con el entonces edil y su banda, quienes llegaban “con maletines llenos de dinero para comprar los votos, pero los rechazaban, y eso creo que les molestaba”, rememora quien hasta el momento se refugia en otra zona de Chiapas.

Inclusive, en una ocasión el mismo Enoc citó a su papá a la alcaldía, y como no llegó, la respuesta fue su muerte: Celestino recibió un bala calibre .12 en el pecho, mientras que Armando un par de impactos: uno en el abdomen y otro en el brazo.

Lo que más le duele, confiesa Eduardo, es que la justicia nunca les llegó, a pesar de que todas las pruebas ponían contra la lona no solo a los integrantes de Los Diablos que estuvieron involucrados, sino al propio otrora presidente Díaz.

La situación para sus seres queridos, todos hablantes del idioma tsotsil, ha sido complicada, debido a que no hubo una reparación del daño ni siquiera en la parte económica, pues de vivir en mejores condiciones en su tierra de origen, ahora su mamá, hermana y una de sus 2 cuñadas se dedican al trabajo doméstico, mientras que la otra en un restaurante familiar donde elabora tortillas a mano.

Si tienen oportunidad, siembran flores, como lo hicieron para comercializar cempasúchil durante el 1 y 2 de noviembre pasados, cuando se recuerda a los muertos. En su caso, dice, desde hace tiempo radica en el municipio zoque de Francisco León, en donde también se dedica al campo y a la vez coordina una organización social y campesina.- Estamos tristes, porque nunca nos hicieron justicia, pero sabemos que eso no sucedería porque el exgobernador Manuel Velasco Coello (hoy senador de la República) era o sigue siendo padrino de Enoc Díaz, entonces por eso no hubo ningún proceso.

Sabe que, en cualquier momento, este personaje y su banda podrían llegar e intimidarlos o incluso hasta asesinarlos. A esto se le suma la crisis que se siente en todo el país por la contingencia sanitaria por la covid-19. Es, pues, una especie de “mezcla de desesperanza” para ellos.

De hecho, el panorama es aún más complejo para la esposa de su hermano asesinado, debido a que se quedó con 7 hijos pequeños, revela quien es parte del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas y que, además, solo cuenta con un teléfono celular satelital en caso de alguna emergencia que le brindó el propio Estado.

NARCOPOLÍTICA. Para el sacerdote de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, Marcelo Pérez Pérez, el que Enoc Díaz “salga otra vez a la luz” es preocupante, y sobre todo que se mueva no solo en su localidad, Pueblo Nuevo Solistahuacán, sino que recorra de forma constante las regiones Norte y Selva en busca de respaldo a sus futuras aspiraciones.

Aunque advierte que desconoce todo lo inherente a las leyes, afirma que sin duda hay entes gubernamentales como la misma Fiscalía General que saben que él no es un elemento que deba considerarse para ocupar un cargo de elección popular, “pero sabemos que en Chiapas, en algunos lugares, con algunos funcionarios de los tres niveles, se vive la narcopolítica”.

El también párroco del municipio indígena de Simojovel, quien desde hace años ha luchado contra los malos gobiernos, las drogas, la venta de alcohol, entre otros y que por ello está amenazado de muerte, advierte que sin duda el narcotráfico ha copado a la geografía chiapaneca.

“Pero no es algo nuevo, porque la violencia se ha habido en muchos momentos, y solo volteemos a ver la Masacre de Acteal, en 1997, a manos de un grupo de paramilitares”, externa en entrevista vía telefónica Marcelo, quien insiste que no se le debe permitir regresar al poder a alguien como Enoc que ha cometido una serie de delitos e incluso ya pasó por el desafuero.

No obstante, nada detiene a Díaz Pérez, pues durante esta pandemia por la covid-19 celebró varias reuniones masivas y entregó apoyos para campesinos o para la gente más vulnerable (láminas), a fin de posicionarse con rumbo a las venideras contiendas en Chiapas, donde se renovarán los 124 ayuntamientos y 40 curules.

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