Rosario, la mujer que lucha contra la muerte y el “cártel inmobiliario” en Chiapas

Christian González


Tuxtla Gutiérrez (Ch24/7). “El pasado 13 de diciembre, por la mañana, llegué a la casa, estaba bajando unas cosas de mi auto, cuando mi perrito se abalanzó sobre mí, y en eso escucho un disparo; una de las personas que habitan al lado de mi casa disparó, pero le dio a mi mascota; creo que la intención era matarm3”.


De esta manera relata Rosario del Carmen González Ortega el “viacrucis” que ha sufrido desde el 7 de abril de 2022 cuando, emocionada de su futuro prometedor, firmó un contrato de compra-venta de un terreno de 10 por 20 metros que adquirió, en pagos, en el predio denominado “San Francisco”, ubicado a la altura del nuevo Libramiento Sur de esta ciudad capital de Chiapas.


Sin embargo, lo que nunca se imaginó es que adquiriría un “pasaporte al sufrimiento” a manos, de acuerdo con ella y documentos oficiales y otras pruebas que obran en su poder, de Marcos “C. S.” quien, a través de su empresa “Carsol, Servicios y Proyectos Inmobiliarios”, se hacía pasar como el apoderado del dueño de ese lugar, Francisco Sánchez Velázquez.


La intención de Rosario, rescatista independiente de animales, costurera y docente de profesión, era alejarse lo más posible de la ciudad, pues necesitaba un espacio en donde pudiera cuidar y mantener a los perros, gatos y otras especies que rescataba.


Las “anomalías” supuraban desde un principio. Al firmar el contrato simple, Marcos “C.S” le mencionó de la existencia de una escritura pública de poder notarial (pero no se la enseñó). Asimismo, le prometió que todos los documentos oficiales (que le daban legalidad al contrato) se los entregaría después, lo que nunca ocurrió.


Dentro de lo que indagó, “Charis”, como la conocen de cariño sus seres queridos, se dio cuenta de que el contrato, de alguna manera, favorecía al vendedor, mas no a la compradora, “como muy tendencioso”.
Pese a todo, Marcos le prometió que, en seis meses, meterían los servicios como agua y luz, pero todo eso también quedó en promesas.


A los pocos meses de haber adquirido el terreno, Rosario logró que su vivienda quedara a medias (en obra negra). Para ello, invirtió alrededor de 470 mil pesos, más los 130 mil del predio, el cual liquidó antes del tiempo establecido, debido a que hacía abonos superiores a lo estipulado, y de forma seguida.


En septiembre del 2022, ella llega a su nuevo hogar, junto a su hijo (quien presenta el trastorno autista) y los animalitos que ha rescatado: perros, gatos y hasta tortugas.


EL INFIERNO COMIENZA. Pero a Marcos le importa tanto quedarse con la propiedad de Rosario que, en diciembre de ese mismo año, envió a unas personas para que habitaran al lado de su predio.


Ruth Esmeralda “L. A.”, y sus “hijos” Jesús Alberto “C. Q.” y José Ángel “G. M.” empezaron a ser sus verdugos. Estas personas, al parecer bajo los efectos de las drogas, empezaron a insultarla y amenazarla.


Desesperada, Rosario le pide a su vendedor que le devuelva el dinero de lo que invirtió en su casa porque no podía vivir ahí, y que se quedara con el predio. La respuesta de Marcos fue que solucionaría todo, sin embargo, tampoco cumplió.


Ante las amenazas recibidas, ella acude ante la Fiscalía General del Estado para denunciarlos; ahí le dan un número de atención. Sin embargo, la situación se tornó más violenta.


Rosario no podía recibir visitas (hasta la fecha) porque, de inmediato, eran amedrentadas por los nuevos “inquilinos”. Incluso, ella tuvo que sacar a su hijo de ese lugar porque, en las noches, ellos tocaban un silbato o una campana para que los perros ladraran y él “entrara en crisis” por la condición que presenta.


En reiteradas ocasiones, la mujer de más de 50 años de edad tuvo que salir a medianoche de su hogar para buscar ayuda, y más, cuando Jesús Alberto y José Ángel rondaban su casa y “sonaban” sus machetes para asustarla.


LAS AGRESIONES SUBEN DE TONO. De los gritos, sustos y amenazas verbales, las agresiones aumentaron. El 4 de septiembre de 2023, en la misma capital chiapaneca, “Charis” se accidentó luego de que su vehículo se quedara sin frenos, “más bien, ellos me cortaron la manguerita para que se regara el líquido, y lo lograron; por fortuna la libré, aunque tuve golpes fuertes, los daños fueron cuantiosos”.


El pasado 5 de diciembre, los mismos sujetos le vaciaron toda su vivienda: le arrancaron la puerta, se llevaron su ropa, computadora, celulares, tabletas electrónicas, vajilla, sus paneles solares, máquinas de coser, cilindro de gas, herramientas y, además, golpearon a sus perras y dos de sus gatos fueron arrojados a la cisterna.


“Ese día, ya por la noche, llegaron los policías, pero cuando se fueron, los agresores se acercaron por la parte trasera de mi domicilio, se reían y me empezaron a decir: “¡Qué, vieja verga! ¿Ya no tienes cosas? ¿Ya no tienes portón? ¿Te gustó, vieja verga, que entráramos a robar a tu casa?”.


Con las pruebas en mano de la mayor parte de las agresiones sufridas (audios y videos), Rosario acude de nueva cuenta a la Fiscalía para denunciar el robo.


LA BALA NO DIO EN EL BLANCO. A varios meses de ese suceso, la madre de familia aún no se recupera, pero ya ha comprado algunas cosas. No obstante, el sufrimiento continuó, pues el 13 de diciembre pasado, los sujetos la intentaron asesinar, pero, en cambio, hirieron de bala a su perrita “Corcholata”. Aunque intentó denunciar este hecho, esta vez la Fiscalía le cerró las puertas.


El temor que tiene, acepta, es que esas personas que la han agredido, y que incluso, a través de redes sociales, la han “atacado”, son originarias de Centroamérica y, en el caso de Jesús Alberto “C. Q.”, tiene antecedentes penales.
“La mujer, que según es la madre de ambos, carece de documento de identidad; ese tal Jesús aparece hasta en noticias por sus mismos antecedentes (penales)”, evidencia.


Prueba de que se trata de gente mala, confiesa, es porque, de manera seguida, le ponchan las llantas de su vehículo y la han seguido, en motocicleta, en varias ocasiones.


Inclusive, ante la difamación que ella ha vivido en carne propia, la despidieron de un empleo, pues Ruth “L.” la acusó, a través de una página de noticias local, de un intento de despojo de su predio.


¿HABRÁ MÁS VÍCTIMAS? Hasta el momento, Rosario cree que hay más víctimas de fraude, pero no las conoce. Inclusive, estaba en un grupo de WhatsApp donde había supuestos compradores o dueños de los demás predios, pero nadie le hizo caso cuando les advirtió de un posible fraude. De hecho, en ese sitio sólo vive ella y sus “verdugos”.


Además, la dirección de la empresa “Carsol, Servicios y Proyectos Inmobiliarios” también ha sido cambiada en reiteradas ocasiones, lo que ella misma comprobó cuando acudía a hacer sus pagos por el terreno.


Rosario ha buscado ayuda por todos lados. También acudió al Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez para ver en qué condiciones jurídicas estaba el lugar, “pero me dijeron que las 5 hectáreas (en donde está su propiedad) no estaban regularizadas, no las tienen reconocidas como un fraccionamiento. Me engañaron porque no hay una escritura de lotificación, ni permiso de cambio de uso de suelo, ni de factibilidad ni para desarrollo urbano, ¡nada!”.


Además, en diciembre de 2022 se acercó al notario público Ovidio Cortazar, quien le dijo que no le podía otorgar una copia del poder notarial, debido a que ella carecía de interés jurídico.


Luego, en el 2023, solicitó, ante el Registro Estatal de Notarías, el registro del poder notarial y de la escritura pública del lugar, pero le dieron la misma respuesta.


Aunque no se cansó, y logró una cita con la titular del Registro Público de la Propiedad y del Comercio, quien le argumentó que, en la base de datos de esa instancia, no aparecía el nombre de Francisco Sánchez Velázquez donde ella edificó su propiedad.


SEGUIRÁ EN LA LUCHA. A pesar de que ha vivido un infierno, lo cual se refleja en los más de 18 kilogramos que perdió de peso, ella cree que tiene que aguantar hasta que se le haga justicia pues, de salirse, perdería todo su patrimonio.


Esto implica, dice, enfrentarse a una demanda en su contra, interpuesta en enero de este año, por Marcos “C.”, quien alega una supuesta “recisión de contrato”.
De todas las denuncias que ha hecho, refiere la víctima, sólo una se ha judicializado: la de amenazas. Aunque hay otra carpeta de investigación que también entraría en ese proceso: la de robo con violencia.


“Pero ha pasado el tiempo, no puedo ir siempre a la Fiscalía; ya le envié tres documentos al gobernador (…) Porque hablamos de toda una mafia”, lamenta Rosario quien, casi a diario, también soporta los malos olores, debido a que los agresores le avientan orines y excremento a su vivienda.


Lo más lamentable, comenta Rosario, es que Marcos “C.” forma parte de una red de defraudadores en el ramo inmobiliario, e incluso estaría ligado a notarios públicos y otras autoridades afines, para despojar a más gente de su patrimonio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *