Lo condenaron a 50 años; su familia denuncia tortura y un caso lleno de irregularidades

Marco A. Rangel

Tuxtla Gutiérrez (Ch24/7). Once años después de un doble asesinato que sacudió a Comitán, la familia de Jordan Alejandro Ángeles Trujillo sigue intentando demostrar que él no tuvo relación con los crímenes.

Omar Seippel Paniagua y Evarista Pineda Cárdenas fueron asesinados el 19 de abril de 2015. Él fue encontrado sin vida en una zona de monte cercana al Polideportivo y ella dentro de su vivienda, en el fraccionamiento Los Robles.

Jordan fue detenido meses después, el 13 de agosto, junto con Manuel Francisco Porras Fonseca y Fernando Martínez Villar. Al principio, la investigación los relacionó con narcomenudeo y robo a casa habitación, según la familia.

Con el avance del proceso, Jordan terminó acusado por el doble homicidio. En 2023 recibió una sentencia de 50 años de prisión, bajo el antiguo sistema penal.

Su madre, Guadalupe Ángeles Trujillo, afirma que durante los primeros seis días de su detención desconoció dónde estaba su hijo. Asegura que durante ese tiempo fue golpeado, sometido a malos tratos y obligado a firmar documentos y declarar su supuesta participación en los asesinatos.

La familia cuestiona además varias partes de la investigación: contradicciones entre peritos, firmas que el abogado de oficio negó haber realizado, cambios en las versiones sobre el supuesto hallazgo de drogas y un testigo cuya identidad, aseguran, nunca pudo ser comprobada.

También señalan que no existe ADN que relacione a Jordan con las víctimas y cuestionan que otros implicados hayan recuperado su libertad.

Uno de ellos, Fernando Martínez Villar, fue liberado después de que su investigación fue separada. Manuel Francisco Porras Fonseca murió dentro del CERSS 10 de Comitán; oficialmente, el caso fue considerado un suicidio.

Otro de los puntos que la familia considera irregular es que Jordan aparece mencionado en algunos documentos de la carpeta con el alias de “El Morgan”, nombre que, aseguran, nunca le perteneció.

El caso incluso fue revisado con el Protocolo de Estambul, luego de que Jordan denunciara tortura. Su familia afirma que el resultado documentó tratos crueles e inhumanos. El caso también fue llevado ante la Fiscalía de Tortura y organismos de derechos humanos.

Hoy, Jordan tiene 32 años y continúa recluido. Desde prisión trabaja en carpintería, lava ropa de otros internos y prepara cenas para obtener algunos ingresos.

Su hermana Osiris Ángeles asegura que la familia prepara una nueva ofensiva legal para revisar el expediente y solicitar un incidente de reconocimiento de inocencia.

Después de 11 años, la familia mantiene la misma exigencia: que se revise el caso, se determine si Jordan fue condenado injustamente y, si así ocurrió, recupere su libertad.

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