Corriente de aguas negras le arrebató la vista a un pescador de Paredón

José Francisco perdió casi por completo la visión de un ojo y su familia ha gastado 250 mil pesos en tratamientos. En Paredón, la contaminación de la bahía se agrava mientras la planta de tratamiento sigue sin operar

Fotografía y texto: Christian González

Tonalá (Ch24/7). La última vez que José Francisco entró a pescar fue hace tres meses. Estaba mar adentro cuando sintió que una corriente de agua sucia le impactó directo en el rostro. Quiso vomitar por el olor nauseabundo; sintió como si algo podrido se le hubiera metido a través de la boca, la nariz y los ojos.


—Estaba buscando el camarón, pero sentí una corriente de agua, apestaba… Pero no sabía que lo que tenía en mi ojo era una bacteria, una larva, me dijeron —dice José Francisco, un hombre de 46 años que se ha dedicado toda la vida a la pesca y que ese día llegó a su casa con un dolor y una comezón en el ojo derecho que jamás había experimentado.


Desde entonces han pasado casi 100 días. Aunque al principio los médicos no le dieron un diagnóstico exacto, ahora el hombre sabe que un parásito atacó su ojo y prácticamente ya perdió la visión. Además, en ese corto periodo de tiempo su familia ha gastado alrededor de 250 mil pesos en tratamientos y viajes a Tapachula para recibir atención médica especializada en el Instituto de Microcirugía Ocular de Chiapas , entre otros gastos.


Por el momento, José Francisco no puede hacer movimientos bruscos: como la larva sigue en su cavidad ocular derecha, podría sufrir el desprendimiento de lo que le queda de retina. También muestra unas manchas que le salieron en las piernas tras ese trágico día en el que la corriente de agua contaminada lo impactó de lleno.


Para él, la pesca ya no será una opción, pues su salud actual es delicada. Solo recuerda, a ratos entre lágrimas, que se dedica a esta actividad desde que era niño.
El pescador espera que las autoridades le brinden atención de calidad, pues sus ahorros se agotaron e, incluso, perdió esta semana su cita con el especialista:
—O comemos, o vamos al médico… Es un sufrimiento, ya no aguanto, me da bastante dolor.


Lo que más le entristece, agrega, es que de su empleo mantenía a su esposa y a una nieta. Ahora la incertidumbre es mayor porque ya no podrá trabajar y desconoce cuánto tiempo estará convaleciente:—Ella se puso a vender tortillas para comer, y contamos con la ayuda que nos dan los vecinos, pero no siempre te pueden dar.


Desde hace casi tres décadas, la contaminación se ha agravado en la Bahía de Paredón producto de las descargas de aguas negras del municipio de Tonala, principalmente de la cabecera municipal, y la falta de operación de la planta de tratamiento de aguas residuales.


Lo anterior pese a que el gobierno estatal, a finales del sexenio pasado, entones encabezado por Rutilio Escandón Cadenas, a través del director del Instituto Estatal del Agua, Fernando Adolfo Zepeda Soto, aseguro que en esta comunidad de pescadores ya había comenzado a operar una planta de tratamiento, algo que según el funcionario era para celebrar porque reconoció que de las poco más de 300 plantas de tratamiento de aguas residuales (PTAR’s) que existen en Chiapas, sólo operaba alrededor del 30 o 35 por ciento, puesto que por desgracia, esas plantas requerían de mucha energía, lo que para los ayuntamientos se convertía en una “carga económica” insostenible.


Si bien reconoció que el porcentaje de la operatividad de esas PTAR’s seguía siendo bajo, celebró que, en la comunidad de Paredón ya haya comenzado a funcionar la planta de tratamiento, lo que según él se trataba de una añeja demanda.


Sostuvo, incluso, que la capacidad de esa planta es de 120 litros por segundo, pero que arrancó al 70%, por lo que podría atender 80 litros por segundo. Y agrego que sólo en Tonalá atendían otras PTAR’s, las de La Polka, Puerto Arista y Boca del Cielo, con las que se trataba de sanear el estero para que los pescadores contaran con un espacio saludable y una pesca abundante.
“Hablamos de una planta que desde hace tiempo no funcionaba, por distintas razones, pero ya está activa”, dejó en claro en esa ocasión Zepeda Soto. Era noviembre de 2024.


Hoy, nadie sabe por que la plantas de tratamiento de aguas de Paredón dejó de funcionar o si simplemente nunca comenzó a hacerlo. Mientras tanto el ecocidio no se detiene, sino que es cada vez más grave.


De acuerdo con cientos de pescadores, las repercusiones son mayúsculas: las enfermedades atacan a gran parte de los casi 20 mil habitantes de la zona, y la mancha de agua contaminada ya salió del estero y abarca alrededor de 3 kilómetros del océano Pacífico.


Gerardo González Figueroa, investigador de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), les da la razón. En entrevista con La Silla Rota asegura que, sin duda, los habitantes de la Bahía de Paredón están 100 por ciento vulnerables, y más cuando se originan desbordamientos u otros fenómenos.


“Y no solo hablo por la misma situación, sino que los pozos, por ejemplo, se contaminan con esos desbordamientos o ‘mar de fondo’, entonces es todo…”, puntualiza, y recuerda que la planta de tratamiento de aguas residuales de Tonalá está obsoleta, por lo que debería someterse a un constante mantenimiento y estar actualizada.


En general, asevera que solo las grandes ciudades tienen “drenajes” más o menos en condiciones, pero en zonas como Tonalá, o peor aún en Paredón, el panorama es desolador.


Si la gente protesta en la actualidad, dice, es porque ya está presente la temporada de lluvias, lo que genera desbordamientos y que las aguas negras recorran canales y calles de la comunidad.

Hace como año y medio, rememora, recorrió esa bahía para actualizarse sobre las condiciones en las que estaba, situación que ─puntualiza─ sigue igual o peor en el tema de contaminación.

Tras dejar en claro que se trata de una problemática seria, González propone una solución urgente para Paredón: inversión en el mejoramiento de infraestructura sanitaria y una adecuada captación y tratamiento del agua para distribuirla en hogares y para algunas actividades productivas.


“Los habitantes de ese lugar no solo protestan por lo que les está pasando, es un aviso grave de lo que sucederá en Chiapas no solo por tratamiento de aguas, sino por las mismas tormentas y sus daños, y la carencia cada vez más acentuada de agua potable para la población”, argumenta.


Hundidos entre la basura y olores cada vez más agresivos, cientos de hombres y mujeres de la bahía se dirigieron al Palacio Municipal de Tonalá para reclamarle al alcalde, Manuel Narcía Coutiño, que los atendiera. El funcionario ocupa el cargo por tercera vez y conoce la problemática, pero no ha hecho nada.

Con coraje, los manifestantes transportaron piedras en un camión de volteo y las vertieron en dos alcantarillas de la avenida Hidalgo, casi frente a la presidencia; luego, “bañaron” de aguas negras la entrada del inmueble. Aunque esperaban una respuesta positiva, lo que recibieron fue el rechazo del munícipe, quien argumentó que el tema era político y no una búsqueda de solución al ecocidio que se vive en la Bahía de Paredón.

Janise Pérez Arreola, pobladora afectada, expuso que ya están cansados de dialogar sin ser escuchados, a pesar de las graves afectaciones:—Tenemos muchos problemas, esas aguas son tóxicas, todos estamos mal de los pulmones.

Tras dejar en claro que desea que la presidenta del país, Claudia Sheinbaum, los escuche, manifestó:—Ya estamos hasta la madre, ya no queremos que las aguas negras desemboquen aquí.

Para ella la situación es lamentable, porque la mayoría de los habitantes subsisten gracias a la pesca. De hecho, criticó que los quieran “engañar” dándoles 300 o 500 pesos. Paredón recibe todas las descargas de la cabecera de Tonalá, donde habita el grueso de la población; por ello, Janise insistió en que es necesaria una solución total y no parcial.

Para los ribereños, los malos olores se exacerban sobre todo por las tardes o noches. Incluso, Jarid Manuel, otra de las afectadas, mostró cómo brota una “nata negra” del agua y se observan peces muertos. Aclaró que no se movilizaron por cuestiones políticas, como argumentó el alcalde, sino porque están cansados de recibir aguas residuales sin tratar y, peor aún, de enfermarse constantemente:—Si no, observe el agua negra, cómo se estanca. Ahora lo que necesitamos y exigimos es que esas aguas negras ya no lleguen a Paredón.


“Somos la fosa séptica”


Samuel Trinidad Hernández, vocero de la Pesca Sustentable del Estado, sentenció que ya son más de 25 años de sufrimiento:—Nos han convertido en la fosa séptica de la cabecera municipal, y se nos mete cualquier tipo de larva Explicó que esta situación provocó la escasez de especies y, por ende, que decenas de pescadores emigraran a otros lugares en busca de empleo debido a la caída en la producción de pescados y mariscos.


—La Bahía de Paredón es el mercado de mariscos de Chiapas, y nuestro producto llega hasta Guadalajara, Monterrey y a la misma Ciudad de México —reconoció, al tiempo que suplicó a los tres órdenes de gobierno que los volteen a ver—. Ya no queremos ser la fosa séptica de nuestra cabecera municipal.


Como muestra de la gravedad, ejemplificó que uno de sus vecinos, de 33 años, perdió la vida debido a una bacteria que le atacó un pie por el simple hecho de pescar cerca del canal contaminado.


Para los trabajadores, la pesca se ha complicado; ahora deben adentrarse más lejos del canal y del estero para buscar zonas donde la mancha de contaminación aún no esté presente. Sin embargo, esto les representa mayores peligros y gastos, principalmente en la gasolina de sus lanchas.

—A veces solo se trabaja para la gasolina, porque la Conapesca nos quitó el subsidio para el combustible, ¿se imagina? —evidenció.

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