Políticamente Incorrecto / México, trabajo, salario y pobreza
Javier Opón
La existencia del salario mínimo en nuestro país data 1917, cuando quedó asentada en la constitución política de nuestro país, en el artículo 123, fracción 6; bajo el principio que el salario mínimo debería ser suficiente para cubrir las necesidades básicas de un jefe de familia.
A lo largo de la historia este precepto ha quedado en solo buenas intenciones, ya que desde la década de los 80, el salario mínimo se ha depreciado a hasta convertirse en salario raquítico que ha llevado a millones de mexicanos a vivir en pobreza.
Fue en enero de 1987 cuando se instauro la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI) en el gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado, con quien también se iniciara el modelo económico neoliberal mismo que ha llevado a nuestro país aún nulo crecimiento y al estancamiento de los salarios desde hace 3 décadas.
No basta con la buena voluntad del presidente Andrés Manuel López Obrador para que los salarios en el país mejoren, no basta que por decreto los salarios hayan aumentado, porqué esto no garantiza que nuestro país salga de la pobreza en la estamos sumidos desde hace más de 30 años. De acuerdo con los datos disponibles en la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI), en 1994 el salario mínimo real (como promedio anual) fue de 73.15 pesos al día, sin embargo, en lo que va de 2018 ha sido de tan sólo 66.95 pesos al día. Es decir, en 24 años en lugar de incrementarse el salario mínimo en términos reales sorprendentemente ha disminuido 6.2 pesos al día.
El poder adquisitivo en México va en detrimento de la clase trabajadora, y en especial de los jóvenes quienes son el sector con peores salarios. Esto los convierte en la población asalariada más vulnerable del país, ya que mientras el 66% de los jóvenes se encuentra en esta situación, 61% de la población ocupada total vive así, situación que se mantiene desde 2014.
Estamos diciendo a los jóvenes que a dos de cada tres les va a ir mal, esto abona a un país sin clase media, donde la violencia y crimen organizado, encuentra materia prima, debido a que muchos jóvenes están buscando ser sicarios, ya que lo ven como una alternativa para salir de la pobreza en la que viven.
Nuestro país decidió abiertamente dejar la estrategia de crecimiento dirigida por el mercado interno, para redireccionarla a la promoción de las exportaciones, los salarios se han convertido en nuestra principal ventaja competitiva.
Esta estrategia ha significado varias cosas:
Promover las exportaciones a costa de mantener, incluso en la miseria, a la gran mayoría de los trabajadores mexicanos.
El 63.5% de la población ocupada gana entre uno y tres salarios mínimos.
En las recientes renegociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), algunos de los líderes sindicales de Estados Unidos y Canadá han manifestado su interés por incrementar los salarios en México, argumentan que nuestro país ocupa como herramienta competitiva el bajo costo de la fuerza de trabajo, llevando a la práctica una especie de dumping social Es decir, sostienen que México ha posicionado su producción y, por tanto, sus ventas a nivel internacional, gracias a los bajos costos salariales.
Este bajo nivel salarial ha significado la depresión del mercado interno y la continuación de los niveles de pobreza por ingresos, en 2018, tener un trabajo formal pagado con el salario mínimo significa que no se tendrán las condiciones necesarias para salir de la pobreza.
La economía número 15 del mundo, México, no le ofrece a sus trabajadores los niveles de bienestar mínimos, lo que vulnera constantemente la consolidación de un mercado interno sólido y la estabilidad del tejido social
Es más, de acuerdo con el Informe Anual del Observatorio de Salarios 2018, el 66% de los jóvenes trabajadores de México (dos de cada tres), en edades comprendidas entre los 15 y 29 años, trabaja en situación de precariedad y gana menos del salario mínimo, lo que nos ha sumido en la pobreza laboral a la gran mayoría, sin importar el grado de estudios que se hayan alcanzado.
La movilidad social es otro de los factores que aqueja a las nuevas generaciones, porque sin importar si se ha alcanzado una licenciatura, los salarios quedan por debajo de la línea de la pobreza ya que los salarios alcanzados por los egresados de las universidades, son de entre 5 y 7 mil pesos mensuales y el salario para salir de la línea de pobreza es, según el CONEVAL de 11,290.80 pesos mensuales por lo que ser universitario no te garantiza dejar de ser pobre.
El CONEVAL es la institución que con más rigor entiende y mide la pobreza. Con estos criterios del CONEVAL, actualmente 7 de cada 10 personas en el país tienen un ingreso laboral inferior al costo de la canasta básica familiar por lo que automáticamente son pobres, antes se relacionaba la falta de empleo con la pobreza, hoy tener trabajo no te garantiza salir de una condición de precariedad.
El tema de las condiciones salariales debe estar contenido en un plan de desarrollo nacional, pues los ingresos de la población no deben estar sujetos a las inversiones extranjeras en nuestro país, y por tanto, a las circunstancias de la economía mundial, más bien debe estar ligado a las condiciones de bienestar de la población.
Es necesario y urgente que el salario mínimo cumpla con el mandato constitucional y permita preservar la dignidad del trabajador y su familia.
El gobierno entrante tiene una tarea colosal, es imposible hablar de una cuarta transformación que no mejore el nivel del salario mínimo; no sólo se trata de bajar los salarios de los altos funcionarios, se trata, al mismo tiempo, de incrementar sustancialmente y de forma urgente los ingresos de los que menos tienen y que desde hace más de tres décadas han visto mermados sus salarios reales, el salario mínimo es un tema económico, desde luego, pero sobre todo es un tema de justicia social.
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