Políticamente Incorrecto / El agua no es moneda de cambio, Ángel Torres y la violación de derechos humanos en Tuxtla

Javier Opón

El acceso al agua es un derecho humano. No una concesión, no un favor, no una moneda de cambio política. Está consagrado en al menos tres artículos de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Pero al “desangelado” alcalde de Tuxtla, Ángel Torres Culebro, eso le importa un bledo.

Por consejo de sus asesores —esa corte de iluminados que lo ha llevado al desastre—, decidió cerrar la distribución del agua potable en la capital. ¿El objetivo? Fabricar una crisis para luego aparecer como el héroe que la resuelve. Una estrategia tan burda como perversa, dejar sin agua a más de 800 mil personas para impulsar su imagen y asegurar la candidatura a la reelección en 2027.

Pero el tiro les salió por la culata. La inconformidad ciudadana no se hizo esperar. Y la ambición desmedida del primer círculo de Torres no solo lo puso en una situación vulnerable frente al “pueblo bueno y sabio”, sino que lo llevó a una confrontación abierta con su correligionario y exalcalde, Carlos Morales Vázquez.

A ambos se les olvidó una máxima de la política mexicana, la forma es fondo. Y lo que hoy exhiben con sus señalamientos cruzados es que ambos pertenecen a grupos políticos confrontados, en una lucha feroz por quedarse con la alcaldía tuxtleca. Pero mientras ellos se pelean, los ciudadanos nos quedamos con una certeza, los dos son responsables de la crisis hídrica. Los dos tienen señalamientos de corrupción reales. Y los dos, en lugar de resolver, se entretienen en una guerra de declaraciones que no lleva a ninguna parte.

Esta confrontación, vista con ojos ciudadanos, deja el camino libre para otros aspirantes. Y en el peor escenario para ellos, abre la posibilidad de que la “oposición” —esa palabra que en Chiapas parecía olvidada— pueda conquistar la joya de la corona chiapaneca. Porque los tuxtlecos estamos hartos. Hartos de que jueguen con nuestras necesidades más básica.

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Mientras Ángel Torres y su camarilla diseñan estrategias de marketing con agua, la ley es clara. El artículo 4º constitucional, párrafo sexto, reconoce el derecho humano al agua: “Toda persona tiene derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible. El Estado garantizará este derecho”.

El artículo 115, fracción III, inciso a, establece que son los municipios quienes tienen la facultad de prestar los servicios de agua potable, drenaje y alcantarillado. Es decir, la responsabilidad es directa. No transferible. No diluible en culpas al pasado.

Y la ONU, desde 2010, reconoce que el derecho humano al agua implica disponibilidad continua, calidad y seguridad, accesibilidad física y asequibilidad económica. Torres ha violado cada uno de estos principios. No por error. Por decisión. Por estrategia política. Por ambición.

Ángel Torres no debería ni siquiera terminar este trienio. Por respeto a los tuxtlecos que un día confiaron en él —y a los que hoy tiene sedientos—, debería pedir licencia al cargo. Con carácter permanente. E irse por donde vino, con su grupo de asesores, antes de que la exigencia popular lo obligue a salir por la puerta de atrás.

La violación a los derechos humanos es evidente. Y eso debería bastar para que renuncie. El Estado no puede permitir que la ambición de políticos como Ángel Torres Culebro y su camarilla violenten los derechos de más de 800 mil tuxtlecos. Si no pueden garantizar lo básico, que renuncien. Si su prioridad es la reelección y no el agua, que se vayan.

Los tuxtlecos no merecemos ser rehenes de estrategias electorales. No merecemos que nuestra salud, nuestra dignidad y nuestra vida dependan de si a un político le conviene o no reparar las tuberías. El agua no se negocia. El agua no espera. El agua es un derecho.

Y nosotros, los ciudadanos, tenemos el poder de exigir. De organizarnos. De recordar en las urnas quién nos dejó sin agua para hacerse el héroe. Porque la sed no se olvida. Y las decisiones que hoy toman, mañana las pagarán.

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