Políticamente Incorrecto / ¿Desde cuándo las obligaciones del municipio se convirtieron en programas extraordinarios? La narrativa hipócrita de Ángel Torres ante la falta de resultados

Javier Opón

Hoy en día, es frecuente que los gobiernos municipales, incluyendo el de Tuxtla Gutiérrez, presenten sus obligaciones básicas como “programas extraordinarios”. Esta práctica no es más que una estrategia de marketing político para crear una falsa sensación de acción excepcional, cuando en realidad deberían ser prestaciones regulares y permanentes. Les explico a detalle la realidad de esta narrativa engañosa y cómo se ha utilizado para ocultar una gestión deficiente.

La táctica consiste en tomar las responsabilidades más elementales del municipio —como el bacheo de calles, el alumbrado público o la recolección de basura— y rebautizarlas con nombres atractivos y promocionarlas como logros innovadores. Lo que es una obligación del municipio, lo que DEBE hacer; Lo que el gobierno Vende como extraordinario:

•Reparar calles en mal estado Programa “Bacheando Tuxtla”
Mantener y mejorar la infraestructura vial.

•Programa “Calles Felices”
Garantizar servicios públicos básicos como la recolección de residuos Jornadas como “Chuleando Tuxtla”.

•Proporcionar apoyos sociales a sectores vulnerables “Tux-Útiles”, “Tux Despensas”, “Pollotón”

Este enfoque, aunque común, es profundamente engañoso. Lo que la ciudadanía percibe como una gestión excepcional es, en el fondo, el simple cumplimiento de la ley, adornado con una envoltura dorada de “resultados”.

Curiosamente, el propio alcalde Angel Torres participó en el “Segundo Foro de Obligaciones de las Autoridades Municipales en materia de Derechos Humanos” . La ironía de que asista a un foro para discutir las obligaciones legales del municipio mientras, en la práctica, las presenta como gestos extraordinarios, resume a la perfección la hipocresía de su administración.

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Mientras el alcalde y su equipo se enfocan en la promoción de estos “programas estrella” en redes sociales como TikTok, Facebook los problemas estructurales de Tuxtla Gutiérrez persisten. Vecinos de la capital chiapaneca han denunciado constantemente:

· Calles en estado de deterioro.

· Problemas crónicos con el alumbrado público.

· Un servicio de recolección de basura irregular y deficiente.

Esta percepción de una gestión que magnifica acciones menores sin atender los problemas de fondo se ha visto reflejada en las encuestas. Un estudio de Gobernarte colocó a Tuxtla Gutiérrez en el puesto 22 de 31 en cuanto a aprobación ciudadana, con apenas un 41% de respaldo popular, lo que sugiere que los tuxtlecos han comenzado a ver más allá del discurso.

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La conversión de las obligaciones municipales en “programas extraordinarios” es una artimaña política y de comunicación. Su objetivo es crear una imagen de gobierno proactivo y, al mismo tiempo, bajar las expectativas de la ciudadanía, haciéndole creer que recibir un servicio básico es un logro del gobernante en turno.

La narrativa del alcalde Ángel Torres no es más que un espejismo que intenta ocultar la falta de resultados concretos y duraderos. La realidad para los tuxtlecos sigue siendo una en la que las necesidades apremiantes se topan con una administración más hábil para maquillar su ineficiencia que para resolver los problemas de fondo.

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