Políticamente Incorrecto / No son las lluvias atípicas, es el exceso de concreto: Tuxtla pagará caro las “calles felices”

Javier Opón

Bastó el primer aguacero de la temporada para que la pesadilla se hiciera realidad. El río Sabinal, ese que bordea la ciudad como una advertencia silenciosa, estuvo a nada de desbordarse. El Potinaspak, en la zona norponiente, sí lo hizo. Y mientras el agua y el lodo comenzaban a invadir calles y viviendas, muchos tuxtlecos recordaron las advertencias que lanzamos desde esta trinchera: el exceso de concreto que el desangelado presidente municipal Ángel Torres ha vertido durante el último año no es desarrollo, es un desastre anunciado.

Las “calles felices” que tanto presume en sus spots y transmisiones en vivo resultaron ser, en la primera prueba de fuego, una trampa mortal para la ciudad. No es que nos opongamos al progreso ni a la modernización de las periferias. Nos oponemos a las soluciones simplistas, a la obra pública sin estudios de impacto, al asfalto tendido a lo loco con tal de llenar los bolsillos de unos cuantos mientras la planeación urbana se va al carajo.

Los expertos lo advirtieron. Los vecinos lo denunciaron. Los regidores de oposición lo señalaron en el cabildo. Pero la ambición del alcalde —y la codicia de su círculo cercano— se pasaron por el arco del triunfo cada recomendación técnica. ¿El resultado? Calles que antes absorbían el agua de lluvia, ahora son láminas impermeables que canalizan el torrente directamente hacia los drenajes, los saturan y provocan que los ríos que atraviesan la ciudad se salgan de su cauce. No es casualidad que el Potinaspak se haya desbordado en una zona donde, precisamente, se han construido más metros de esas “calles felices”. La naturaleza no es tonta. La hidrología no se doblega con cemento.

Aún no conocemos el saldo total de afectaciones. Las autoridades, como siempre, tardarán en dar cifras reales. Pero los testimonios que ya circulan en redes sociales son elocuentes, viviendas anegadas, familias perdiendo algunas pertenencias. Todo por la soberbia de un alcalde que prefirió escuchar a sus asesores mercadólogos que a los ingenieros. Todo por la urgencia de inaugurar obra pública para la foto, sin importar si esa misma obra será la causa de futuras tragedias.

Y mientras tanto, Ángel Torres sigue repitiendo su mantra: “Calles felices”. Pero la felicidad, señor alcalde, no se mide en metros cúbicos de concreto. Se mide en viviendas que no se inundan, en familias que no pierden todo con la primera lluvia, en una ciudad que no está diseñada para ahogarse en su propia ambición. Las calles felices de hoy son los ríos desbordados de mañana. Y usted, que tanto presume de su gestión, tendrá que explicar a los damnificados por qué priorizó el asfalto sobre los colectores pluviales, la imagen sobre la seguridad, el lucro sobre el bienestar.

La próxima tormenta no esperará. Es cuestión de días, quizá de horas, para que otra lluvia descargue sobre la capital. Y entonces veremos si el gobierno municipal reacciona o si seguimos esperando a que la desgracia sea mayor para que los funcionarios salgan a tomarse la foto entre lodazales. Lo que está en juego no es solo el patrimonio de los tuxtlecos, es su seguridad y su vida. Las advertencias estaban hechas. La ciencia era clara. El tiempo, como siempre, nos dará la razón… a costa del sufrimiento de los de siempre.

P.D. Comparte este artículo. Comenta si has sido afectado por las inundaciones. Etiqueta a quienes deberían haber previsto esto. Y sígueme para seguir exigiendo cuentas. Porque las “calles felices” no pueden construirse sobre el dolor de quienes las habitan.

Al tiempo, señor Torres. La primera lluvia apenas cayó. Las que vienen, serán el juicio.

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