Ensalada de Grillos / Sin palabras



Ciro Castillo

Desde el jueves en la tarde cuando nos comenzamos a enterar de la tragedia que había ocurrido en el tramo Chiapa de Corzo-Tuxtla Gutiérrez, donde 55 migrantes perdieron la vida y más de 100 resultaron heridos, comencé a pensar en escribir esta columna, pues la entrega del viernes ya estaba hecha y “enviada” a la redacción de Cuarto Poder.

No sabía por dónde comenzar. Había tanto que decir y al mismo nada qué decir.

Era la tragedia más grande que involucra a migrantes de que se tenga memoria en México, quizá solo después de las masacres en Tamaulipas.

Aquí era distinto, pues, aunque los indocumentados no habían perdido la vida a causa de las balas, sí fallecieron por la delincuencia organizada que, desde años atrás encontró en el tráfico de humanos a otro jugoso negocio.

Fue hasta que el periodista Leopoldo Espejel, uno de los tantos enviados de medios locales, nacionales e internacionales, entrevistó a una señora de El Refugio cuando dimensioné lo que había acontecido con una tragedia que volvió a desnudar la realidad del fenómeno migratorio que, insistimos, comenzó hace décadas; sin embargo, ahora es más visible por las caravanas migratorias que se estrenaron a finales del sexenio pasado.

La señora, con el sentimiento a flor de piel y con el corazón en la mano, fue uno de los tantos habitantes que espontáneamente encendieron veladoras en la zona del percance que el jueves entre las 3:30 y hasta el anochecer se cubrió de cuerpos inertes que, primero fueron tapados con sábanas que los mismos vecinos llevaron y luego con bolsas blancas en las que fueron trasladados al Semefo.

—Bajamos a ver qué había pasado, venimos desde allá arriba, sentimos impotencia de no poder hacer nada, simplemente no hay palabras, no hay palabras por lo que pasó—, dijo la mujer, con los ojos llorosos y ante las preguntas del reportero…

¿Culpables?

Mientras se difundía la noticia de la muerte de los migrantes y los más de 100 heridos, una persona me dijo: qué lamentable, pero ellos tienen la culpa, por venir así.

—¿Ellos?— repliqué.

En realidad, por esta tragedia que debió enlutar a todo el país, debe haber responsables: Los traficantes que en casas de seguridad de San Cristóbal agruparon a los indocumentados para luego treparlos en un tráiler con el riesgo que ello implica; el mismo chofer, quien a pesar de “delicada carga” que llevaba iba (dicen) a 100 kilómetros por hora e intentando rebasar; los agentes federales y de Migración que a la salida del valle del Jovel “curiosamente” levantaron el retén justo antes de que el tráiler emprendiera el viaje; quizá hasta los policías que custodian el retén policiaco entre Chiapa de Corzo y Tuxtla Gutiérrez que no quisieron o no pudieron ver el contenido de la pesada unidad.

Ahora bien: ¿culpables? Es muy complicado culpar a alguien o a algunos respecto de una tragedia que, en menor medida, viene sucediendo desde décadas atrás, a veces en silencio.

¿Cuántas mujeres han sido violadas y asesinadas en su trayecto hacia la Unión Americana? ¿Cuántos migrantes han sido asaltados, golpeados o asesinados por las bandas que operan en toda la región? ¿Cuántos indocumentados han sido extorsionados y abandonados? ¿Cuántos han tenido que regresar a sus países con las manos vacías, endeudados, con secuelas físicas y emocionales o en un ataúd?

¿Culpables? Si le buscáramos sentido a esta palabra, quizá culpables somos todos.

Culpables, las potencias del mundo que han dejado a la buena de Dios a los países tercermundistas, de los cuelas hay varios en Centroamérica.

Culpables, los gobernantes de naciones como Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, donde la corrupción impera desde décadas atrás, incluso con las “revoluciones” que solo sirvieron para “sacar a los malos” y poner a “los buenos” que luego se volvieron igual o peor que los que estaban antes.

Culpables, los gobiernos mexicanos que por sexenios no han logrado aplicar una política migratoria que, en lugar de “criminalizar” a los migrantes les saque provecho de forma ordenada.

Culpables, los legisladores y presidentes de Estados Unidos, demócratas o republicanos, que no se han podido poner de acuerdo para “sacarle jugo” a toda esa mano de obra que por “carretadas” llegan a su nación.

Culpables, los cuerpos de seguridad, de todos los niveles que, seducidos por la corrupción, ven en los indocumentados una “inagotable” minita de oro.

Culpables, la misma sociedad que, en muchos casos y en muchos aspectos, se han aprovechado de la miseria de miles de migrantes que, igual que cientos de paisanos, solo quieren llegar al país de las barras y las estrellas y vivir el “sueño americano”…

Aderezos

-Qué hace bien AMLO, pues cualquier tragedia, como la de los migrantes, no merma su popularidad…

-Los morenistas andan muy apurados porque, podrían no conseguir las firmas necesarias para que se convoque a la revocación de mandato…

-El Tribunal Electoral de Chiapas revivió a cuatro partidos políticos que ya estaban muertos: MC, Fuerza por México, PRD y PPCh. Algo no huele bien…

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