El Romerillo, la historia detrás de las cruces
Tuxtla Gutiérrez (Ch24/7). En el Panteón de Romerillo, ubicado en lo alto del cerro de la comunidad El Romerillo, San Juan Chamula, las 22 grandes cruces no son solamente símbolos religiosos, también delimitan los espacios de las comunidades que tienen derecho a sepultar ahí a sus muertos.
Pero hay una historia menos conocida. Antes de que la comunidad se llamara El Romerillo, los antiguos habitantes identificaban el lugar como Pistik, palabra tsotsil que significa “lugar donde abundan las varitas de paja”. La tradición oral cuenta que, cuando los habitantes sometidos por los europeos intentaban colocar las cruces en el cerro, estás se caían repentinamente. Muchos interpretaron el fenómeno como “el rechazo del cerro al cristianismo”, un lugar donde abundaban monos araña y otros animales.
Para resolverlo, los ancianos de Pistik propusieron que los hombres se disfrazaran de monos —origen que se relaciona con la presencia de los maxes en la celebración— y realizaran una danza con flauta, tambor y cantos dedicados a las fuerzas del cielo y de la tierra, y finalmente las cruces pudieron permanecer erguidas.
Más allá de la versión turística, los maxes tienen un significado profundo en la cosmovisión tsotsil, relacionado con antiguos relatos sobre el origen y las transformaciones de la humanidad .
A pesar del sincretismo en El Romerillo entre la religión católica y la cosmovisión maya-tsotsil, los antiguos habitantes les dieron a las cruces un significado propio: funcionan como protectoras de las almas y referentes territoriales de las comunidades, no son simplemente cruces católicas.
Fotografía: Francisco García

