Políticamente Incorrecto / La basura, el contrato millonario que apesta a corrupción en Tuxtla

Javier Opón

Ayer, mientras los tuxtlecos seguíamos oliendo la basura acumulada en las calles, en el Cabildo de Tuxtla Gutiérrez se cocinaba uno de los negocios más sucios de la administración de Angel Torres. Por mayoría, se aprobó la contratación directa —sin licitación, sin transparencia, sin competencia— de la empresa V Atributos Ambientales SA de CV por un monto que supera los 398 millones de pesos hasta septiembre de 2027. ¿El problema? Que esta empresa no es más que una extensión de Veolia, la misma que durante 20 años contaminó el suelo y el agua de Tuxtla, la misma que enfrenta demandas y que la Profepa clausuró por derrames de lixiviados. Y lo más grave, el costo del servicio se duplicó sin justificación, pasando de 14 a 28 millones de pesos al mes. Pero claro, la corrupción no entiende de matemáticas, entiende de complicidades.

La jugada es tan burda como predecible, Veolia se va, pero su “extensión” se queda. El Ayuntamiento, en lugar de abrir una licitación pública que garantice las mejores condiciones para la ciudad, opta por la asignación directa. La Comisión de Hacienda, con cuatro regidores, aprueba el contrato sin que el resto del Cabildo tenga voz ni voto. Y mientras tanto, los tuxtlecos seguimos pagando el doble por el mismo servicio, sin que nadie explique por qué. La tarifa que pretende imponer V Atributos Ambientales es de mil 336 pesos más IVA por tonelada recolectada, cuando el costo anterior rondaba los 700 pesos. ¿Inflación? ¿Mejora en el servicio? No, señores, es el cobro del favor político, el precio de la corrupción.

Y no es un hecho aislado. Esta administración ha hecho de la opacidad su modus operandi. La Comisión de Licitaciones del Cabildo no se ha reunido ni una sola vez en lo que va del gobierno de Angel Torres. Empresas recién creadas —registradas días antes de recibir contratos— han sido beneficiadas con millonarios contratos de limpieza sin tener infraestructura ni experiencia comprobable. El regidor Francisco Rojas Toledo ha denunciado que el secretario de Obras Públicas reconoció que las obras se procuran quedar en manos de “conocidos”. Es decir, el círculo de la corrupción se cierra en torno al alcalde, y los tuxtlecos pagamos las consecuencias: contenedores saturados, basura en las calles, focos de infección y una pestilencia insoportable.

Pero lo más indignante es que Veolia se va sin responsabilidad ambiental. Durante 20 años, el relleno sanitario operado por esta empresa contaminó el arroyo El Lacandón y el río Pacú con lixiviados, atentando contra el derecho humano a un medio ambiente sano. Había demandas, había clausuras, había evidencia. Pero Angel Torres, en lugar de exigir la reparación del daño, prefirió llenar sus bolsillos con el dinero de la transición y dejar que la misma empresa, con otro nombre, continúe el saqueo. Es el colmo del cinismo, el contaminador se va impune, y su sucesora, con el mismo dueño, regresa para seguir ganando millones mientras los tuxtlecos respiramos el tufo de la podredumbre.

Cinco regidores se opusieron. Exigieron que se aclarara la situación. Pero la mayoría oficialista —los 40 ladrones del alcalde— aprobaron el atraco con la misma naturalidad con la que otros respiran. La oposición fue un grito en el desierto. Y mientras tanto, la ciudad sigue hundida en la basura, la salud de los tuxtlecos en riesgo y el dinero público fluyendo hacia las cuentas de los mismos de siempre.

Tuxtla no merece esto. Los tuxtlecos no merecemos que se juegue con nuestra salud por el capricho de un político corrupto. La historia recordará a Angel Torres como el alcalde que duplicó el costo de la basura mientras la ciudad se ahogaba en su propia mugre. Pero la historia, para escribirse, necesita que nosotros no olvidemos. Que exijamos cuentas. Que no normalicemos el saqueo. Que en las próximas elecciones, la memoria sea más poderosa que el dinero sucio.

Porque la basura no es el único hedor que sale del Ayuntamiento. El olor a corrupción e impunidad es mucho más insoportable.


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