Política Animal / Manuel de Jesús Moreno, el alcalde que investiga a un periodista

Angel Yuing Sánchez

Hay políticos que gobiernan. Hay otros que espían.

La diferencia entre ambos es sencilla: el primero ocupa su tiempo resolviendo los problemas de la gente; el segundo lo desperdicia tratando de descubrir quién escribe sobre él.

Eso parece estar ocurriendo en Ángel Albino Corzo, donde el presidente municipal, Manuel de Jesús Moreno Fernández, lejos de responder a los cuestionamientos públicos sobre su administración, ha optado por enviar mensajes intimidatorios y, según sus propias expresiones, realizar una supuesta “investigación” sobre este periodista derivada de las publicaciones que he realizado respecto a su gestión.

No deja de resultar paradójico.

Mientras el alcalde presume estar investigándome, ignora que el periodismo también investiga. Y que la diferencia entre el poder y la prensa consiste en que el primero suele buscar silenciar, mientras la segunda tiene la obligación de documentar.

Quien crea que intimidar a un periodista resolverá los cuestionamientos sobre una administración municipal está profundamente equivocado.

Los cargos públicos no otorgan patente de impunidad. Tampoco convierten a sus titulares en personajes inmunes al escrutinio público.

Si el presidente municipal considera que alguna publicación contiene información falsa, existen el derecho de réplica, las instituciones y los tribunales. Lo que no existe, en un Estado democrático, es el derecho de utilizar el poder para intimidar periodistas, hurgar en su vida privada o intentar inhibir el ejercicio de la libertad de expresión.

Y si de investigaciones hablamos, conviene precisar algo.

Este periodista sostiene contar con información, documentos y líneas de investigación relacionadas con presuntos actos de nepotismo, posibles irregularidades administrativas y nexos directos con cárteles del narcotráfico, en su momento, serán presentados ante las instancias competentes para que sean ellas, y no la opinión pública, quienes determinen si existe alguna responsabilidad.

Porque esa es la diferencia entre una amenaza y el periodismo.

La primera pretende infundir miedo.

El segundo busca que prevalezca la verdad.

Hay un elemento adicional que fortalece mi decisión de acudir ante las autoridades.

Puedo acreditar mediante los registros de seguridad de mi cuenta de Facebook que existen inicios de sesión registrados desde el municipio de Jaltenango. Esa evidencia digital será puesta a disposición de la autoridad competente para que determine su origen, su alcance y, en su caso, las responsabilidades que correspondan.

También llama la atención la facilidad con la que el alcalde presume sus relaciones políticas. Dice contar con la protección de altos funcionarios del gobierno estatal y apenas hace unos días difundió una fotografía con el arzobispo de Tuxtla Gutiérrez, monseñor José Francisco González González. Las fotografías, sin embargo, no otorgan autoridad moral. Un lobo disfrazado de cordero sigue siendo lobo.

Resulta preocupante que, en pleno 2026, todavía existan autoridades municipales que crean que la crítica se combate persiguiendo periodistas. Chiapas ha cambiado. Hoy se vive una etapa donde el discurso institucional privilegia el Estado de derecho y el respeto a las libertades, impulsado por el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar. Precisamente por ello, cualquier intento de intimidar el ejercicio periodístico representa un retroceso que no puede normalizarse.

Antes de interponer las denuncias correspondientes, dejo constancia pública de estos hechos y responsabilizo directamente al presidente municipal Manuel de Jesús Moreno Fernández de cualquier acto que pudiera poner en riesgo mi integridad, la de mi familia o el libre ejercicio de mi labor periodística.

Asimismo, hago constar que tengo conocimiento de señalamientos relacionados con presuntas amenazas en agravio de Marco Antonio Castellanos Espinosa, identificado como aspirante a la candidatura de Morena a la presidencia municipal de Ángel Albino Corzo. Corresponderá a las autoridades investigar esos hechos y deslindar responsabilidades.

La libertad de expresión no se negocia.

Y mucho menos se intimida desde una presidencia municipal.

Porque cuando un alcalde deja de gobernar para dedicarse a investigar periodistas, quizá no sea el periodista quien deba preocuparse.

Quizá sea el alcalde quien deba empezar a explicar muchas cosas. Continuará.

Por ciertos, yo soy Ángel Yuing Sánchez, y aquí sigo, viendo lo que quiero ver y no lo que quieren que vea. Estamos en línea.

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