Código Nucú / La sombra del pasado

 César Trujillo

 

Cuando Carlos Morales Vázquez buscó la presidencia municipal de Tuxtla Gutiérrez en 2001, y enfrentó a Vicky Rincón y a la otrora poderosa cúpula del Partido Acción Nacional (PAN), gozaba de credibilidad. Era identificado como miembro activo del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y como político de la oposición. Hoy, 18 años después, la desgastada imagen que arrastra no es ni sombra de lo que algún tiempo fue.

En el libro de recuerdos quedaron los discursos y las posturas ideológicas de quien pudo ser un político respetado (con reputación), pero terminó apostando a los cotos de poder y a las canonjías que le permitieron irse apagando como una vela a la que la cera se le derrite lentamente tras ser olvidada en alguna casa abandonada en las periferias de la ciudad.

La estocada final se la propinó su propia lengua en 2012. Fue tras perder la elección donde el exgobernador Juan José Sabines Guerrero apostó a favor de Samuel Toledo Córdova Toledo y donde Carlos Morales se autoproclamó contralor del pueblo: un vigía inamovible que estaría elevando la voz por quienes confiamos en ese tiempo en él y que no dejaría de luchar. Algo así como lo que Andrés Manuel sí hizo y él no.

Sin decir nada, dejó que el tiempo calmara las cosas. Fingió demencia y apostó a la promesa de quien acababa de convertirse en gobernador de Chiapas por el Partido Verde Ecologista de México que, a través de un acuerdo, le ofreció un espacio en el gabinete estatal luego de que el político coiteco rechazara una regiduría.

El premio de consolación para Carlos Morales, lo sabemos todos, fue la Secretaría del Medio Ambiente e Historia Natural desde donde abanderó la omisión a dos problemas graves: la contaminación a mantos freáticos y recursos hídricos de Proactiva (hoy Veolia) y los daños a la salud y al propio Cañón del Sumidero de Cales y Morteros (de los que ya he hablado).

De ese tiempo a la fecha, Carlos Morales Vázquez se convirtió en un “político del sistema” que prefirió la apuesta a los espacios en la administración pública que a mantener sus ideales y el discurso que lo habían llevado, por ejemplo, en 1997 a ser diputado federal por el sol azteca tras vencer al poderoso PRI que empezaba a pagar los costos políticos del pasado. O en 2006 cuando regresó como legislador.

Hoy, Carlos Morales es alcalde de Tuxtla Gutiérrez por Morena (tras dos intentos fallidos), el partido en el poder federal. Aunque parece más un espectro al que lo acompaña un desangelado rostro y una imagen abatida por las tomas de decisiones que le han costado ser lo que fue.

En alguna parte de su camino olvidó los principios básicos de la política y las reglas escritas en aforismos que dejó de herencia el maestro Jesús Reyes Heroles. Lo ya comentado por varios periodistas sobre el tema del impuesto del 2 por ciento es muestra de ello y la punta del iceberg. La forma es fondo, le recuerdo.

Parece que no se equivocan aquellos que dicen que lo que le falta a Tuxtla es alcalde. Cierto. Al edil Carlos Morales no se le ve, como no se le vio nunca en campaña ni en los debates en la antesala de los comicios 2018. Se ha guardado en una burbuja y se confronta con quienes no piensan como él, o con quienes chocan con la batahola de errores que vienen siguiéndolo desde hace mucho rato.

Alguien debería decirle que “flotar no es gobernar”, pero tampoco se trata de buscar hacerse invisible, de guardarse, de apostarle al tiempo y a su lengua que lo devora todo, esperando que esto también pase.

Desde siempre Carlos Morales apostó todo a mantenerse vigente en la administración. Lo logró y hoy paga los costos políticos de esas mieles bebidas a costa de su dignidad.

Se fue desgastando y no escuchó las críticas de sus opositores ni los señalamientos que el mismo PRD le hizo en su tiempo cuando aún militaba ahí. Nada le aprendió a Andrés Manuel, de quien presume ser amigo cercano y a quien le debe cumplir su sueño de ser alcalde y que está tirando por la borda. Bien lo dijo don Jesús Reyes Heroles, un hombre de Estado: quienes no conservan algo del pasado, difícilmente construyen algo para el futuro.

#MANJAR.- Durante años, la Fiscalía de Periodistas en Chiapas no ha logrado obtener una sola sentencia de los casos que ha atendido. Es más, no contaba ni con personal para hacerlo: un solo Ministerio Público era quien tenía que llevar todos los casos que se generaran en la entidad en años anteriores. Hoy, cuentan, tiene ya tres ministerios en la capital y uno más en Tapachula, y están llamando a los políticos y hasta elementos de seguridad que han sido sindicados de violentar el derecho a la libertad de expresión o de vejar los derechos de algunos compañeros, a comparecer. Parece que el trabajo coordinado del fiscal general, Jorge Llaven Abarca, y el de Periodistas, José Eduardo Morales Montes, va comenzando a mostrar un nuevo sendero. Es justo. Por años ese espacio fue usado como parapeto y los casos eran archivados sin seguimiento. Hoy se habla de que trabajan de forma diferente, sin bulla y sin aspavientos, enfocados en que se implementen los mecanismos necesarios. Quizá pronto veamos un proceso judicializado. Seguro así será. Mientras tanto, bien ahí. #Cambios // “Si hubiera más políticos que supieran de poesía, y más poetas que entendieran de política, el mundo sería un lugar un poco mejor”. John F. Kennedy. #LaFrase // La recomendación de hoy es el libro Cuentos completos de Mark Twain y el disco Fair Warning de Van Halen. // Recuerde: no compre mascotas, mejor adopte. // Si no tiene nada mejor qué hacer, póngase a leer.

* Miembro de la Asociación de Columnistas Chiapanecos.

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