En la Mira / El ocaso de las normales rurales en Chiapas

Héctor Estrada

El profundo desgaste de su credibilidad y empatía social, provocado por años de excesos, constantes protestas violentas y una evidente desvinculación de su vocación formadora en la docencia, parece haberse convertido en la sentencia final para las escuelas normales  rurales de Chiapas que hoy enfrentan uno de sus panoramas más adversos ante su inminente desaparición.

El acuerdo tomado este lunes por pobladores del municipio de Zinacantán para cerrar las puertas de la Escuela Normal Jacinto Canek y pedir al Gobierno de Chiapas la desaparición definitiva de dicha institución apunta a ser el comienzo de lo que ya se advertía desde hace al menos una década: la desarticulación de las controversiales escuelas normales rurales, secuestradas desde hace años por grupos subversivos.

El constante conflicto con la normales rurales de Chiapas no es asunto nuevo. Durante décadas han sido protagonistas de movimientos en defensa de derechos educativos o estudiantiles, protestas y manifestaciones que se han transformado con el paso del tiempo. Los conflictos con gobiernos pasados han dejado numerosas historias de enfrentamientos violentos y resistencia estudiantil en calles, plazas públicas y carreteras de la entidad.

El ejemplo más conocido de ello es el de la Escuela Normal Rural Mactumactzá. Para nadie es un secreto que “la Mactu”, como le llaman sus propios estudiantes, ha estado inmersa en la polémica y los señalamientos desde hace mucho tiempo. Forma parte de un grupo de 21 normales rurales en todo el país, caracterizadas por su participación constante en diversas luchas sociales, principalmente magisteriales, con clara formación basada en ideologías de movimientos revolucionarios del siglo IXX y XX.

A lo largo de su existencia ha sido opción para cientos de estudiantes de escasos recursos que aspiran a la formación docente a fin de llevar la educación básica a los pueblos más marginados. Nadie niega la nobleza de su vocación real y la legitimidad de muchas de sus luchas, pero también es honesto reconocer que el paso del tiempo la ha contaminado y secuestrado las entrañas.

La Escuela Normal Rural Mactumactzá, como otras tantas de su tipo, se ha convertido en una institución donde la autoridad universitaria ha sido rebasada, maniatada, despojada del poder, expulsada y hasta impuesta por un “consejo estudiantil” sobreempoderado por la injerencia de aliados e intereses externos que ya nada tienen que ver con la formación profesional docente de las y los estudiantes normalistas.

La muerte del estudiante José Luis Hernández, hace sólo un año como parte de una novatada, es la muestra más reciente de lo que ha sucedido durante años. Historias de estudiantes, directivos, docentes y padres de familia inconformes por las prácticas autoritarias del consejo estudiantil han sido acalladas brutalmente por el temor y la represión. Los grupos estudiantiles de insurgencia se han transformado en un poder hegemónico como el que tanto aborrecen y dicen combatir en las calles.

El cierre de la Escuela Normal Jacinto Canek en Zinacantán advierte lo inevitable para su símil en Tuxtla Gutiérrez. Y es que, sus propios antecedentes violentos parecen haber dejado prácticamente solas a las escuelas normales rurales en Chiapas, sin empatía popular o respaldo social, en medio de una lucha contra el aparato gubernamental que parece francamente perdida.

Y es verdad, no se puede festejar el cierre de una escuela, pero sí el inicio de una limpieza de fondo a prácticas que han desvirtuado su vocación real. Llegó el momento de tomar decisiones, que otros decidieron postergar, para finalmente limpiar las entrañas de dichas instituciones, aplicar una transformación profunda a su funcionamiento y recuperar su vocación real, lejos ya de los intereses oscuros que hoy las tienen secuestradas… así las cosas. 

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