En la Mira / La 4T, entre promesas aventuradas y evaluaciones prematuras

Héctor Estrada

El primer año de administración del gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador ha concluido y resulta evidente que la “Cuarta Transformación” no ha conseguido los resultados triunfalistas que construyó en la expectativa ciudadana. La impunidad no se redujo, la violencia no menguó y la pobreza sigue igual de lacerante; sin embargo esperar resultados casi milagrosos en tan sólo 12 meses también resultaba bastante ingenuo.

Los resultados alcanzados hasta el momento en materia económica y de seguridad nacional no son nada optimistas. De enero a octubre la cifra de crímenes violentos en todo el país alcanzó más de 28 mil 700 víctimas. La crisis migratoria rebasó por completo la capacidad del gobierno federal durante la primera mitad del año, avivando las tensiones con el gobierno de Trump -a finales de mayo- por el incremento de hasta el 25% en los aranceles. El fallido operativo de detención contra Ovidio Guzmán López, el 17 de Octubre en Culiacán, Sinaloa, y el homicidio de nueve integrantes de la familia mormona LeBarón, el pasado 4 de noviembre, se convirtieron en las gotas que derramaron el vaso de la percepción social sobre el delicado tema de seguridad nacional; pero también sirvieron de “pretexto lucrativo” para una oposición urgida de excusas y argumentos para protestar.

El crecimiento económico anual de entre 2 y 4 por ciento que ofreció López Obrador en campaña simplemente no llegó. Por el contrario, según el Instituto de Estadística y Geografía (Inegi) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la economía mexicana ha entrado formalmente a un periodo de recesión técnica debido a que se registraron tres trimestres consecutivos de caídas en el Producto Interno Bruto (PIB).

Es verdad, han habido desaciertos y consecuencias inevitables a medidas gubernamentales. Pero hacer evaluaciones prematuras para sepultar o calificar a todo un gobierno que apenas inicia también resulta bastante irresponsable. En honor a la verdad no se puede culpar a López Obrador de la violencia generada por el crimen organizado en el norte del país, hacerlo sería deshonesto, tendencioso y carente de verdadero análisis al contexto histórico sobre la problemática.

El narcotráfico (y sus efectos) tienen varias décadas desangrando al país, solapado por un Estado corrompido en las entrañas de sus tres niveles de gobierno. Se trata de mafias gestadas durante 70 años de gobiernos priistas que sobrevivieron a 12 años de administraciones panistas, cuyas estrategias causaron más muertes que detenciones de criminales. Pensar que un problema agudizado a lo largo de 80 años pudiera menguarse en menos de 12 meses no tiene lógica alguna.

En torno al crecimiento económico, el problema de fondo tiene que ver con los excesos de Obrador para prometer algo que resultaba técnicamente imposible. Los cambios al gobierno federal, en materia de programas sociales, presupuestos y restructuración de dependencias, hacían inviables resultados inmediatos. Según especialistas y previsiones del mismo CEPAL, los efectos de la política interna en materia económica del actual gobierno podrían estarse viendo hasta el segundo o tercer año de gobierno.

Y es que se trata de un gobierno de transición; similar a lo sucedido durante el primer año de gobierno de Vicente Fox cuando el crecimiento económico fue prácticamente nulo, con un 0.2%. La realidad es que ninguno de los nuevos programas federales opera al cien por ciento; la gran mayoría de los grandes proyectos de infraestructura presentan avances inferiores al 30 por ciento y las reformas estructurales apenas han salido de los hornos legislativos para entrar en vigor plenamente.

Con todo y los innegables desaciertos, tratar de calificar la efectividad de la denominada cuarta transformación en México resulta demasiado prematuro. Si bien no se debe de dejar de señalar los errores e incongruencias, hacer evaluaciones determinantes sólo abona a esa inquietud social que la desgastada oposición política intenta alimentar a costa de lo que sea, incluso de la paz y estabilidad nacional… así las cosas.

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